Con Carlos de Foucauld al encuentro del otro (12)

Duodecimo texto mensual para reflexionar sobre el tema del Centenario “Carlos de Foucauld – al encuentro del otro”.....

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Volvemos a lo que publicamos en octubre a propósito de este famoso día del 20 de enero 1908 y seguimos con el comentario de Antoine Chatelard en su libro "El camino hacia Tamanrasset".

En el acontecimiento que evocamos, hay que darse cuenta de que los gestos más sencillos de hospitalidad cobran una dimensión imprevista. Convertido en un pobre enfermo, el marabout hace que los que vienen a salvarlo puedan oír algún día: “venid, recibid en herencia el Reino, porque tuve hambre y me disteis de comer, estuve enfermo y vinisteis a verme”. Ya no es una parábola, sino la realidad del Reino. Si pensó en esto, quizá el enfermo fue reconfortado como quería, él, que buscaba angustiado cómo traerles la salvación.

Si no pudo captar el significado pleno de lo que vivió en ese momento, le fue dado percibir al menos lo esencial. En la primera carta que escribe a su prima tras la enfermedad, el 8 de marzo de 1908, da una respuesta a la cuestión que plantean tantas vidas aparentemente inútiles, como fue la de Jesús, tanto a Nazaret como en el Calvario:

“¿Cuánto bien no hubiera hecho Jesús evangelizando al mundo durante los años oscuros de Nazaret? Sin embargo, juzgó que hacía mucho más quedándose en ese silencio… ¡Y nuestro padre (su Director espiritual: Padre Huvelin): sus cruces y el bien que su enfermedad le impide hacer...! Es que Dios estima que hace más bien estando con Jesús en la cruz. Dos líneas de San Juan de la Cruz ponen esto en plena luz”.

Y continúa citando a san Juan de la Cruz, como lo hará aún el mismo día de su muerte:

“Nuestro anonadamiento es el medio más poderoso que tenemos para unirnos a Jesús y hacer bien a las almas; es lo que san Juan de la Cruz repite casi en cada línea. Cuando se puede sufrir y amar se puede mucho, lo máximo que es posible en este mundo”

Otra frase, escrita en otro momento difícil de su vida, cuando se entrega totalmente a la obediencia, en diciembre de 1896, un mes antes de dejar la Trapa, nos transmite el mismo mensaje:

“En el momento en que Jacob está de camino, pobre, solo, cuando se acuesta en la tierra desnuda en el desierto para descansar tras un largo camino a pie, en el momento en que está en esa dolorosa situación del viajero aislado, en medio de un largo viaje en país extraño y salvaje, sin refugio, en el momento en que se halla en esta triste condición es cuando Dios le colma de favores incomparables”

No faltan en nuestras vidas esos cambios de situación que obligan a pasar a través de una muerte. Cuando el espacio vital se estrecha, cuando la situación parece desesperada, cuando nuestra competencia, nuestra entrega, nuestro celo se convierten en obstáculos, es bueno recordar una antigua enseñanza que Carlos de Foucauld actualizó y que puede llegar a ser fuente de esperanza. Los profetas enseñan que Dios interviene cuando el hombre ya no puede nada. San Pablo repite que pone su orgullo en su debilidad, porque aprendió del Señor: “mi poder da toda su medida en la debilidad (o la enfermedad)”. Oímos como un eco, decir a Carlos de Foucauld: “la debilidad de los medios humanos es causa de fuerza”, para afianzar la esperanza en el corazón mismo de nuestras fragilidades y miserias.



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