Con Carlos de Foucauld al encuentro del otro (6)

Sexto texto para reflexionar sobre el tema del Centenario “Carlos de Foucauld – al encuentro del otro”...

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Comentario de Mt 14,23

Nuestro Señor reza solo, reza de noche. Es una costumbre en Él. Muchas veces nos repite el Evangelio: “se retiró Él solo durante la noche a orar”. Amemos, acariciemos, practiquemos a ejemplo suyo la oración nocturna y solitaria. Cuando todo dormita en la tierra, velemos y hagamos ascender nuestras plegarias a nuestro Creador. Si es dulce estar cara a cara con aquel a quien amamos, en medio del silencio del descanso universal y de la sombre que cubre la tierra, ¡qué dulce es, en tales horas, ir a gozar del cara a cara con Dios! Horas de felicidad incomparable, horas benditas que hacían que san Antonio encontrase las noches demasiado cortas, horas en las que, mientras todo calla, todo duerme, todo está sumergido en la sombre, yo vivo a los pies de mi Dios, expansionando mi corazón en su amor, diciéndole que le amo, y respondiéndome Él que por grande que sea mi amor, nunca le amaré como Él me quiere. Noches afortunadas, que mi Dios me permite pasar cara a cara con Él. ¡Oh mi Señor y mi Dios, hacedme sentir como debo el precio de tales momentos! Hacedme delectarme en Dios, Hacedme, a ejemplo vuestro, no tener momentos más queridos, descanso más verdadero, horas más suaves y más deseadas que esas horas de oración nocturna y solitaria.

(carta al Padre Jerónimo – Trapa de Nuestra Señora de las Nieves 17 de Julio 1901)



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