Carlos de Foucauld y las mujeres
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Es interesante realizar un estudio sobre las relaciones muy fuertes que Carlos de Foucauld ha tenido en su vida con las mujeres.

  • Primeramente hay una experiencia de ausencia ya que el Hermano Carlos se encontró huérfano muy joven: tenía apenas 6 años y su madre murió joven, a los 34 años. Perdió a sus dos padres en el mismo año y curiosamente apenas habla de su padre ausente, sin embargo cuando hace relecturas de su vida, concede a su madre un lugar significativo. El mismo se presenta como “el hijo de una santa mujer”, de ella aprendió, como niño, a dirigirse a Dios en la oración. Ella visitaba las iglesias y llevaba a su hijo Carlos; para honrar a María, en el mes de mayo, ella construía pequeños oratorios en la casa. Carlos tendrá tendencia, en sus relaciones con Dios, a buscar este consuelo del que habla el profeta Isaías: ”como a aquel que su madre consuela, yo también os consolaré” (Is 66,13). En suma un Dios Padre y Madre, como nosotros diríamos hoy.
  • El buscará primero en una vida disoluta, relaciones amorosas que no le satisfacerán. Es, antes de su conversión, la experiencia de un amor de rebajas, la zona de sombra de una vida de pecado como dirá mas tarde. Curiosamente dará a una de sus amantes el mismo apodo afectuoso que a su hermana Mimí. No se sabe gran cosa de esta Mimí, su amante, solo que la embarcó contra el reglamento de la armada, haciéndola pasar por su esposa, cuando fue enviado como oficial a Argelia. Rechaza desahuciarla y presenta la dimisión. ¿Este rechazo es signo de un profundo acercamiento a esta mujer o simplemente orgullo y rebelión ante un orden disciplinario?
    ¡En contraste con esta vivencia de mal chico, el Hermano Carlos idealizará, en la edad adulta, las relaciones con las mujeres de su familia!
    La figura de la otra Mimí, su hermana muy querida, de Marie. Intercambió con ella muchas cartas. Cuando hacía su viaje de explorador en Marruecos estaba preocupado por guardar la relación y por eso le escribía a pesar de ser semiclandestino, por que no debía llamar la atención sobre él. Estaba preocupado de que su hermana no recibiera correo suyo ( carta de 1º de enero de 1884).
  • De hecho muchos correos se han extraviado entre los dos correspondientes.
    Mimí se desplazará para asistir, en la Trapa de Nuestra Señora de las Nieves, a su primera misa. Por carta ofrederá a su hermana Mimí una verdadera dirección espiritual, ella le consulta, le confía sus penas cuando muere un hijo. El la consuela y la invita a tomar altura: “Ninguno de vuestros hijos os quiere tanto como el amor divino, del que bebe”. El 14 de enero de 1890, el día anterior a su salida hacia la Trapa, les había hecho sus despedidas: “hasta la próxima, mi querida Mimí…reza por mí y yo rezaré por ti y los tuyos... No nos olvidamos acercándonos a Dios”.
    Antes de la separación el Hermano Carlos había cedido todos sus bienes a su hermana pues para él era una separación definitiva.
    Después de su conversión Carlos de Foucauld instaurará a menudo una relación como espiritualizada con las mujeres. Antes, ellas tenían un carácter un poco volátil. Sus proyectos de boda, después de su viaje a Marruecos, abortarán, por no encontrar demasiado entusiasmo alrededor de sí y puede que por no tenerlo él mismo.
  • El tendrá toda su vida una apreciación muy positiva del papel de la mujer, no solamente en la sociedad sino también en la Iglesia, en particular en el apostolado misionero (aspecto generalmente subestimado en la época).
    Es así como piensa de las religiosas colaboradoras en la misión: las hermanas blancas, las hermanas de San Vicente de Paul, etc…
    “Nadie como ellas es capaz de hacerse querer, de inspirar confianza, de atender a la mujer musulmana (la mitad de la población).” (Carta a Hours, 25 de noviembre 1911)
    Incluye las mujeres laicas tales como Priscila de los hechos de los apóstoles, soñando con equipos misioneros donde se integrarían sacerdotes, religiosas, laicos de los dos sexos, pudiendo dar un testimonio positivo sobre la religión cristiana en el mundo musulmán.
  • Es preciso conceder un lugar especial a dos abadesas cuyo trabajo ha sido determinante en el camino espiritual del Hermano Carlos. Son las superioras clarisas de Tierra Santa. El las llama: “mis madres” y escribe a su hermana y a su cuñado: “ Ellas son para mí de una bondad infinita”. La abadesa de las clarisas de Nazaret, Madre San Miguel le ha mostrado la originalidad de su eremita-jardinero; en cuanto a la abadesa de Jerusalén, supo convencerle que el Señor le llamaba al ministerio sacerdotal. El decía de ella:”Es una santa”.
    Ella le animaba, según la teología eucarística de su tiempo: “Habrá una misa más, cada día en el mundo.” Hablando de religiosas enclaustradas que había conocido, el Hermano Carlos se exclamaba: “que tesoro de bondad moral hay en el fondo de esos claustros y que bellas flores crecen solo para Dios.” Será fiel a esas amistades trabadas; y ellas, por su parte tendrán gestos delicados, como por ejemplo ese regalo de Navidad un poco heterodoxo enviado a Béni Abbès por las clarisas de Nazaret: “…un trozo de tejido, una cuchara de madera, una ratoner… reliquias para la capilla.” (R. Bazin p 232).
    Dos días antes de su asesinato, escribía todavía a la priora de Nazaret.
  • En su conocimiento de los medios indígenas, se interesa por algunas mujeres a menudo poco valoradas. Así en su viaje de exploración a Marruecos escribe: “la condición de la mujer en Marruecos es la que era en Argelia. De ordinario poco unidas a sus esposos y con un gran amor por sus hijos.”
    Tomó la pena de asistir a la madre del aménokal del Hogar Moussa, en su agonía. Se trataba de una mujer de fe musulmana que un día, habiendo encontrado al Hermano Carlos en oración, había exclamado. “Yo también rezo a Dios.”

Se tomó la pena de catequizar una pobre catecúmena negra, María, “esta pobre vieja negra cuya alma es tan blanca como lo será al atardecer en el paraíso”. ( al abad Laurain, 25 de mayo 1903)
Cita como ejemplo una mujer tuareg de familia noble que se había comportado de una forma admirable para curar a los heridos y salvar vidas humanas en la masacre de la misión Flatters.

  • Pero la figura femenina central es la de su prima Marie de Bondy, ocho años mayor. Es el eslabón incontestable del regreso del hermano Carlos a la fe. “Usted me había arrastrado a la virtud por la belleza de un alma, en la que la virtud me había parecido tan hermosa.” Ella volverá a meter a su primo en el camino de Dios. “Puesto que su alma es tan inteligente, la religión que ella cree tan firmemente no podría ser una locura”.
    Mayor que él, la admira, es como la hermana mayor cuya fe sólida coloreará la espiritualidad del hermano Carlos. Le debe la devoción al Sagrado Corazón.

Estaba tan unido a su prima que exclamaba la mañana de su salida hacia la Trapa: “Es verdad que no sé vivir sin usted.” (16 de enero 1890).
Recordará toda su vida la hora de la gran partida, del gran sacrificio de la separación el 15 de enero de 1890. Esta relación se alimentaba de un abundante correo, una media de una carta por semana enviada a través del inmenso desierto del Sahara. Está lleno de gratitud, le debe todo: su vuelta a la fe, los recursos materiales para vivir, las innombrables donaciones en material y en dinero que le permitirán ser generoso con los pobres (numerosas limosnas). En su última carta a su prima, el mismo día de su muerte, le agradecía una caja de cacao recibida. Se ha escrito mucho sobre esta fuerte relación a la vista de las ciencias humanas (psicología, psicoanálisis).
En el plano espiritual no se puede más que constatar sus efectos benéficos. “¡Qué bien he recibido que no haya recibido a través de usted!”.

Esta mujer cultivada, de misa diaria, con talentos múltiples en su acoger y comprender a su primo fuera de norma. Como el padre de la parábola del hijo pródigo, ella ha estado cerca, sobre todo en los momentos difíciles de su vida. Fue el instrumento de Dios, siempre disponible. A propósito del proyecto de matrimonio que fue finalmente rechazado, él dirá: “yo tenía necesidad de ser salvado de ese matrimonio y usted me ha salvado”.

Sí, el hermano Carlos ha amado y ha sido amado por las mujeres como su Bien Amado Maestro y Señor Jesús de Nazaret; ellas han encarnado el rostro de la ternura de Dios.



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